Según datos
publicados por la Organización de las Naciones Unidas para la
Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) en su
último Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional en América
Latina y el Caribe, la Argentina tiene un porcentaje de obesidad
infantil de 9,9% y le siguen Perú con un 9,8% y Chile con un 9,5%.
Según datos del
Ministerio de Salud de la Nación para 2012 (último dato
disponible), el 30% de los niños y niñas de edad escolar (de 13 a
15 años) tiene sobrepeso y el 6%, obesidad. En el mismo informe se
afirma que el 50% consume dos o más bebidas azucaradas por día y
que sólo un 17,6% consume cinco porciones diarias de frutas y
verduras.
Ante este
panorama, y consultada por Infobae, la médica sanitarista Victoria
Cavoti (MN 111677) analizó cuatro escenarios que coexisten en esta
problemática.
"Lo que
observamos son niños de clase media con una amplia oferta de comida
industrializada y baja planificación acerca de qué comen, cómo y
cuánto comen por parte de los padres, por falta de información,
tiempo y otros factores -comenzó a describir Cavoti-. En el otro
extremo, vemos niños que viven en familias de bajos recursos, con
escaso acceso a macronutrientes esenciales como leche, carne rojas,
aceites de calidad, huevos, verduras, frutas y fundamentalmente a
agua potable, que llenan sus estómagos con calorías vacías".
Para ella, este
segundo grupo no se alimenta, "engañan el hambre y generan
saciedad".
En el medio, la
experta observó "menúes paupérrimos y poco amables con la
infancia"en los comedores de las escuelas. "Muchos niños
van al colegio a comer, además de aprender, y no puede desconocerse
que aquellos que no cuentan con alimento de calidad en sus casas no
lograrán el mismo rendimiento escolar que los que sí tienen una
dieta nutrida, aumentando así, más aún, la brecha", analizó
Cavoti.
Y para el final,
el cuarto grupo está compuesto -según la ex coordinadora del
Programa de Atención Primaria del Ministerio de Salud- por "niños
con una malnutrición, casi desnutrición, producto de dietas veganas
y restrictivas que son impartidas por sus padres, muchas veces sin un
acompañamiento profesional, que puede llevar a la desnutrición
calórico-proteica, anemia y al déficit de vitamina B12 con daño
del sistema nervioso".
Según datos de
UNICEF Argentina, a medida que aumenta la edad, la obesidad muestra
mayor prevalencia entre los niños de 11 a 17 años de hogares más
pobres: tienen 31% más de probabilidad de ser obesos que los de
hogares más aventajados en la escala social. "Entre los
factores que explican esto se incluyen tanto el mayor consumo de
macronutrientes y calorías vacías, como el menor acceso a oferta
pública y accesible a espacios de recreación, lo que fomenta el
sedentarismo entre los adolescentes", justificó José Florito,
coordinador del Programa de Protección Social de Cippec.
A nivel regional,
según el documento de la FAO, el sobrepeso en menores de cinco años
afecta al 7% de los niños de América Latina y el Caribe, ubicándose
por encima del 6% de los niños con sobrepeso en el mundo.
"La obesidad
infantil tiene como consecuencias enfermedades crónicas graves y
discapacidad", destacó Cavoti, al tiempo que consideró que "el
tema debe ser abordado en forma conjunta y articulada por dos
ministerios: el de Salud y el de Educación, para luego enviar
directivas y planificación estratégica a diferentes efectores
locales a lo largo y a lo ancho del país".
Y ahondó: "Además
de garantizar el acceso al alimento de calidad y al agua de nuestros
niños, educar a docentes, padres, trabajadores de la salud, personas
que manipulan alimentos y a los propios menores es fundamental para
lograr hábitos saludables".
"Cuando se
brinda información de calidad a la comunidad, respetando la
idiosincrasia de cada sector (escuela pública, privada, pueblos
originarios, comedores y merenderos de las villas y barrios
carenciados, clase media, etc.) se logran resultados satisfactorios",
subrayó.
Consultada sobre
cuál cree que es la manera de revertir la situación local, Cavoti
consideró que "para empezar, se debería entender a la obesidad
infantil como la punta del iceberg de un problema social, que incluye
fácil acceso a la comida chatarra, poca información nutricional,
baja disponibilidad de alimentos de calidad y agua potable, sumada a
otras cuestiones como las escasas horas cátedra de nutrición y
alimentación que posee un médico en las universidades y la
abundante publicidad de productos de pésima calidad nutricional".
"Además, es
necesario el trabajo y abordaje del tema entre sociedad civil,
Ministerio de Salud, Ministerio de Desarrollo Social y Educación y
organismos que protegen la infancia -observó-. Y poner en agenda el
derecho básico de un niño al alimento de calidad y al agua por
parte del Estado".
Y finalizó: "Se
debe investigar en forma exhaustiva y objetiva qué comen nuestros
niños en las escuelas de la ciudad de Buenos Aires, la provincia de
Buenos Aires y el resto del país e implementar políticas públicas
de educación en alimentación saludable para escuelas, docentes y
familias".
Fuente: Infobae.


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